Lúmina #10

 

Hace casi dos semanas, se llevó a cabo la décima edición de Lúmina, el concurso de diseñadores jóvenes más prestigioso del Uruguay, organizado por el Punta Carretas Shopping.

 

Los cinco finalistas participantes, elegidos entre cien concursantes, presentaron sus colecciones compuestas por diez conjuntos diferentes. Las propuestas fueron sumamente diversas e interesantes, algunas más desarrolladas que otras pero todas sin excepción, reflejaron un semestre de intenso trabajo y el nivel resultó ser alto.

 

Los diez años de este evento, ameritaron una celebración especial y más exclusiva, en una locación como el Teatro Sodre que sumó glamour, y con una entretenida recepción acompañada por tragos, fotógrafos y diseño en exposición que generaron mucha expectativa.

 

El inicio del desfile no fue su fuerte por dos motivos: la conductora del evento, y un video mostrando a los nueve ganadores de los certámenes anteriores. A la primera, le faltó carisma y convicción y, si bien la idea fue buena, el montaje estaba acompañado de música nostálgica en una casona antigua como escenario que, en vez de hilvanar grandeza, diseño y energía, me transmitió ciertas puntadas de melancolía.

 

Este arranque, sin embargo, fue inmediatamente remendado por la presentación de los diseñadores. La primera en la pasarela fue la dupla creativa de Lía Marrero y Jimena Fernández, ambas de la escuela de Pablo Gimenez. Su colección Gangsterz partió de la frase “el futuro es hoy” para su desarrollo creativo, en la que trabajaron con una paleta jugada pero bien lograda de colores plenos, con materiales poco usuales como la cuerina y el charol, y con una interesante funcionalidad en sus prendas, aspirando a representar al joven de hoy en día que elije recordar el pasado como impulso hacia el futuro.

 

Las más votadas por el público y siguientes en la pasarela, fueron María Tocco y Ani Pérez de la EDUC, con su armónica colección Núclea, presentando un paralelismo entre la célula y la mujer, como generadoras de vida. La musicalización no pudo ser más acertada, la colección me resultó muy pura y etérea, y sus viseras texturizadas fueron, sin duda, un detalle a destacar. El concepto me resultó muy creativo, aunque sentí que se podría haber aumentado aún más el lente del microscopio para trascender lo literal, y la colección en general fue atractiva y comercializable.

 

Uno, fue el nombre de la presentación de Juan González, también de la EUCD, que no sólo hace alusión a su primer colección, sino a la unión del mundo sintético con el orgánico y a la autenticidad de cada prenda. Para hacerlo más real, decidió que desfilaran personas que no eran modelos. Sin embargo el aspecto andrógino de mujeres mostrando sus senos y hombres sacudiendo sus nalgas, estuvieron lejos de lograr este objetivo. No obstante, Juan cumplió con su idea de armar una impactante show que diera que hablar, con técnicas textiles que me parecieron de lo más interesantes.

 

La mención especial fue para Ana Darracq de la Universidad ORT, con su colección BFF, que personificó la camisa blanca como a una amiga fiel. Planteó una re-estructuración para renovar la relación con esta compañera de vida y aumentó la escala de la unidad básica del tejido plano de la prenda, para crear un volumen que acompañe la temática. Sin duda sentí que esta colección fue la que llegó a un nivel de desarrollo y profundidad más alto en cuanto a la temática, reflejó muchísimo trabajo y estudio, y la idea con su realización, me fascinaron.

 

El merecido primer puesto, fue para Clara Aguayo, estudiante de la UTU y la EUCD. No debe haber sido fácil para el jurado decidir entre ésta y la mención especial, que en mi opinión, estuvieron muy a la par.

 

Taro se llamó la colección de Clara inspirada en la necesidad de encontrar nuestro ser más esencial, de traspasar las barreras de lo material y de abrazar la belleza de la imperfección. Influenciada por la técnica oriental Kintsukuroi y con la idea de lo femenino y lo masculino, como dos partes distintivas que se unen en equilibrio perfecto.

 

La línea tenía un aire europeo y se distinguió principalmente por su interesante trabajo de formas holgadas con la intensión de invitar al movimiento. Además, las exóticas pelucas blancas le dieron un toque sofisticado y favorecedor a todo el conjunto cuya creatividad se plasmaba más allá del color. Sin embargo, lo que más me gustó fue preguntarle al finalizar el desfile, cómo había vivido el proceso. Aseguró que para ella su colección fue un camino de meditación interna, del cual no se pudo separar en ningún momento y que la llevó a confeccionar todo por su cuenta. El resultado fue impecable e interesante y se vio reflejado en su armonía y felicidad.

 

Tengo dos comentarios más que no puedo omitir. El primero es que la luz fue una importante queja por parte de los fotógrafos, lo cual no es un tema menor. El segundo es cómo un propio empleado puede intencionalmente, lograr devorar la imagen de la empresa para la que trabaja, en un solo bocado. Me refiero a Quatromanos, que puso todo su empeño en la organización comunicacional del evento, pero que lamentablemente se vio desprestigiada por una de sus funcionarias que no puso ningún empeño en recibir de manera educada y adecuada a los invitados que le tocó ubicar. Yo fui uno de ellos y mi opinión fue consensuada por las víctimas de ese sector.

 

Normalmente publico mis notas de manera inmediata, pero esta en particular, me llevó un tiempo de evaluaciones y conclusiones debido a la riqueza de contenidos. Más allá de las críticas, el evento en general fue un éxito, un acontecimiento enriquecedor y emotivo, y un verdadero placer que las colecciones hayan sido evaluadas por un jurado tan profesional y diverso dentro del campo de las artes.

 

Mis más sinceras felicitaciones a los finalistas, quienes demostraron cada cual con su estilo, un altísimo nivel profesional afrontando un gran desafío. Indudablemente la moda en Montevideo crece cada año más y me siento afortunada de estar viviendo este cambio.

 

Fotografía: Carmela Sotuyo