Hand Made, Heart Made

Hay un refrán que dice que en la vida hay amigos que aparecen por una razón, otros por una estación y otros duran para toda la vida. Lo mismo siento con la ropa. Hay determinadas prendas que compramos sabiendo que nos van a durar tres o cuatro salidas, otras que disfrutaremos durante una temporada, pero sin duda, las mejores son aquellas que nos acompañan toda una vida. Esos tesoros que luego pasan de generación en generación.

 

A estas últimas me gusta llamarlas piezas trascendentales, ya que por su autenticidad van más allá de las tendencias, porque tienen algo mágico que te hacen lucir fabulosa tanto a los veinte como a los ochenta, y porque su calidad las hace sobrevivir a la maternidad, a los viajes de aventuras y a las comidas más “ensalsadas”.

 

Sin duda lo más preciado de mi vestidor es una ruana de lana en patchwork, con la que tuve y sigo teniendo una historia de amor…

 

Hace una Navidad, ocho entregas y unas cien tazas de café, estaba en mi casa tejiendo una idea que tenía en la cabeza. Era una entrega para la facultad, pero en mi interior sabía que ése sería el principio de una gran amistad.

 

Siempre tuve una especial atracción por lo artesanal, pero después de haber estado horas y horas tejiendo, al mejor estilo Penélope, hoy lo valoro aún más. No sólo por el tiempo invertido en cada prenda, sino porque la mayoría de los trabajos artesanales son hechos con un ingrediente especial: amor.

 

Para mí, no era sólo una ruana. Cada cuadradito del patchwork representaba algo especial, porque fue concebido con ese propósito: hacer algo con valor, que uniera las emociones en perfecta armonía. Algunos de esos parches representan mi receta favorita a base de arándanos; otros me recuerdan el buzo preferido de mi abuela; unos muestran mi amor por el reciclaje, otros fueron inspirados en las estampillas de colección de mi abuelo y así, cada pieza representa una parte importante de mi vida.

 

Las ruanas son algo muy propio de mis dos tierras, Argentina y Uruguay; dos lugares que me abrazan y me abrigan con suavidad, con recuerdos y con mucho cariño.

 

Con los días fríos la tengo nuevamente sobre mis hombros, con su habitual encanto y me llena de orgullo ver cómo capta las miradas cuando entro a algún lugar envuelta en ella.

 

Me veo con ella hoy, y la proyecto a mi lado dentro de unas mil tazas de café, en setenta caídas del sol, y quién sabe, hasta en alguna nieta que valore las cosas hechas con amor.

 

Para Blog Couture uniéndome al Fashion Revolution,

 

The Strawberry Blonde

 

Fotografia: Rossina Abril